Finalmente y tras varias semanas de polémica, la justicia de Rusia condenó a las tres integrantes del grupo femenino de punk Pussy Riot, juzgadas por cantar en el altar de la catedral Cristo Salvador de Moscú una canción contra el presidente ruso, Vladimir Putin.
Además, Syrova apuntó que las tres acusadas "no expresaron arrepentimiento" por sus actos, "violaron el orden público" y "ofendieron los sentimientos de los creyentes". La fiscalía pidió tres años de reclusión por "incitación al odio religioso". Por su parte, los abogados de defensa pidieron la absolución de las tres mujeres.
Las condenadas Nadezhda Tolokonnikova, Yekaterina Samutsevich y Maria Aliojina, irrumpieron encapuchadas en febrero pasado, en una zona restringida del altar del principal templo ortodoxo ruso, donde comenzaron a tocar la guitarra eléctrica y a cantar en ropa interior el tema "Madre de Dios, echa a Putin".
No era la primera "acción" que realizaban; en enero habían hecho algo similar en la Plaza Roja. Lo cierto es que la actuación en la iglesia terminó a los pocos minutos de comenzada, cuando el grupo (más de tres, claro) fue desbandado. Pero unos días después, Nadia, Masha y Katya fueron detenidas y, desde entonces, están en prisión. Como si se tratara de delincuentes peligrosos, las tres escucharon, dentro de una "pecera" antibalas, las acusaciones sobre ellas en este juicio que comenzó el 30 de julio.
La UE condenó la decisión "desproporcionada" de la justicia rusa. "Estoy muy decepcionada con la decisión de la justicia rusa", señaló la jefa de la diplomacia de la Unión Europea (UE), Catherine Ashton. "La decisión es desproporcionada", consideró.
Por su parte, el ministro de Exteriores alemán, Guido Westerwelle, criticó el dictamen judicial: "A mi modo de ver la dura sentencia no se debe a la acción del grupo de música". "La libertad de expresión de los artistas comprometidos forma parte de todo sociedad democrática", agregó.


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